Hace un año yo había viajado fuera del país por dos semanas. Cuando volví, algo muy grande había cambiado, algo que no se veía, ya que se trataba precisamente de algo que ya no podía ver, que ya no estaba más donde estaba antes de que me fuera: Amalia. Me desesperaba no haber estado aquí, en el mismo espacio y momento, porque era aún más difícil de entender y creer. Pero entonces fui a la esquina por donde tantas veces había pasado antes sin prestar mayor atención. Esta vez no “pasé” por ahí: fui ahí. Entonces pude ver lo que había cambiado: vi -y sentí- cómo esa esquina se había transformado en un lugar; para mí y para muchas personas, en especial para quienes conocieron y quieren a Amalia, pero también para muchos anónimos que no conocen ni su nombre. Y me di cuenta de que era eso de lo que llevábamos tanto tiempo hablando sin lograr entender ni explicar completamente: apropiarse del espacio público, convertir un espacio de la ciudad en un lugar con nombre, significado y marcas que entendemos, reconocemos y compartimos con otros. Amalia logró eso, esa apropiación plena de una parte de la ciudad que hoy parece tan difícil conseguir, y lo logró no sólo para ella sino para todos quienes pasamos por ahí recordándola, pensando en ella, preguntándose quién sería, cuál sería su nombre, saludándola, pidiéndole ayuda, rezando, prendiendo velas, llevando flores, mirando las flores y velas, regando el pasto, deteniendo las bicicletas para agacharse, saludarla, persignarse, pensar en lo frágiles que somos, contemplándola desde un auto mientras el semáforo está en luz roja, sentándose a conversar, y de tantas otras formas que seguramente me he perdido, porque ese lugar está ahí todo el tiempo, continuamente, siendo parte del pasar de las personas y de los itinerarios de los amigos y familiares de Amalia. Cada vez que paso por ahí digo hola Amalia. Y cada vez que lo digo algo sucede: el remolino comienza a girar, se agita una flor o me da la luz verde. Ella es parte de esta ciudad, y esa esquina es suya.





2 comments
claudia says:
Sep 2, 2011
Que lindo! No la conocí, ni conozco esa esquina, pero me conmovió….
Fran Torres says:
Sep 6, 2011
Que lindo, nuestra amiga seguirá aún más presente si la recordamos con amor y con esa sonrisa que no podemos despegar de nuestra memoria y que nos contagia alegría por la vida.